Capítulo III

La prisión del destino

El laboratorio del Mago

Despiertas —si a eso se le puede llamar despertar— en un lugar que no existe en ningún mapa.

Hay frascos, círculos grabados en el suelo, un silencio que pesa. Y hay un Mago. No puedes verle el rostro, solo la silueta de alguien que sabe exactamente qué hace allí y por qué estás tú.

—Estás aquí por mi voluntad. Este es mi laboratorio…

Habla de ti como quien habla de una pieza en un tablero.

—Tengo grandes planes para ti, así que concéntrate… No te preocupes, ¡es tu destino! Sigue el camino.

Más adelante vuelve a aparecer, impaciente.

—No perteneces aquí, ¡lárgate! —y luego, como si cambiara de idea—: Mira. Te espera un gran destino, por eso estás aquí. No necesitas entender mucho de tu situación.

Te muestra lo que llama tu futuro. Te muestra, dice, tu prisión.

—Eres prisionero de tu destino… y del de los mundos de Yggdrasil.

—Los débiles siempre pierden —añade—. Observa.

Y entonces algo sale mal. Por primera vez el Mago no parece tener el control.

—¡¿Qué pasa?!

El Consejo de Magos

La luz se rompe en varios puntos a la vez. Por las grietas entran figuras con túnicas: la Archimaga Ornélia y los suyos, los magos del Consejo de Arsinoe.

—¡Oh, ahí estás! —grita Ornélia—. ¡Por fin te hemos atrapado, maldito Exánime!

—Ornélia… —escupe el Mago—. Y sus patéticos magos del Consejo.

—¡El Dragón de Gondar tenía razón! —responde ella—. ¡Vamos a liberar al aventurero! ¡Archosio! ¡Ghoji! ¡Oeste! ¡El hechizo!

—¡Claro, maestra! —contesta el archimago Archosio, y los tres empiezan a tejer algo que hace temblar el laboratorio.

—Ese viejo dragón siempre habla demasiado… —gruñe el Mago.

—No te mataremos —le dice Ornélia—. Nosotros ya no pertenecemos a este mundo. Solo nos llevaremos al aventurero, y tú volverás al lugar al que perteneces.

Se gira hacia ti y te tiende la mano.

—¡Vamos! ¡Confía en mí!

—¡Malditos! —ruge el Mago mientras el hechizo lo envuelve—. ¡Continúa tu aventura por ahora! Pero la esperanza no te llevará muy lejos…

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