Capítulo I

Una pesadilla en el embarcadero

Urunesti, Arsinoe

Despiertas con la madera húmeda del embarcadero bajo la espalda y el sol de la tarde en la cara.

—¿Qué ha sido eso? —murmuras—. ¿Qué acabo de ver…?

Un santuario. Lava. Un abanico negro. Y una voz que todavía te zumba en los oídos. Habrá sido una pesadilla, te dices. Te quedaste dormido junto al agua, como tantas otras veces. Fuera lo que fuera, daba mucho miedo.

Urunesti sigue igual que siempre. Los mercaderes pregonan frutas y bollos de chocolate cerca de la plaza; un heladero ha descubierto que no hay mejor negocio que un niño llorando delante de su padre; y en una esquina, Elandor el Magnífico, «el mejor mago del mundo», reúne a su público para un espectáculo que casi siempre termina con alguien convertido en algo que no debería.

Junto al embarcadero, tres viejos conocidos te estaban esperando.

—¡Oh! —exclama Spiria Symphonia al verte la cara—. ¿Qué te pasa? Te veo asustado.

Maa Aluna, que siempre tiene prisa por volver a casa a dar de comer a sus gatos, asegura que te vio dormir en el embarcadero «bastante relajado». Ryu Zandermil les pide a las dos que te dejen en paz… y enseguida propone otra cosa:

—¿Y si jugamos a los héroes de Arsinoe? Y tú serás el héroe.

—Sí, sí —ríe Maa Aluna—, una nueva historia está a punto de empezar. ¡Qué emoción!

—¡Tus aventuras comienzan hoy! —remata Spiria.

Lo dicen en broma. Ninguno de los tres sabe todavía cuánta razón tiene.

Entonces llega, por encima del murmullo del puerto, una voz que conoces mejor que ninguna:

—¡Ven a casa, necesito que me ayudes!

—Ah, tu madre te busca —dice Spiria—. Seguro que tiene un recado para ti.

—¡A dispersarse! —gritan los tres a la vez, como cuando eran niños.

Te levantas, te sacudes la arena y echas a andar hacia casa. Detrás de ti, el mar sigue brillando. Delante, sin que lo sepas, empieza todo.

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